
| ETAPA 3 Almendra - Bermillo |
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Almendra-El Campillo/San Pedro de la Nave-Muelas del Pan-Ricobayo-Cerezal de Aliste-Bermillo de Alba (32,27 kilómetros) Arrancamos a las 8.15 de la mañana desde la plaza de Almendra del Pan, donde a esa hora se ve a algún vecino que va a "echar al ganado". Comienza a amanecer con unos grados bajo cero. Ha vuelto a caer una buena helada de la que dan fe los campos y praderas, tiznados de una capa blanca. Va surgiendo la luz a gran velocidad mientras recorremos el trayecto hasta El Campillo-San Pedro de la Nave, un camino de tierra y algo pedregoso (sin pérdida) que ofrece los primeros desniveles de lo que será está nueva etapa.
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A las 9 de la mañana llegamos al pueblo, con un sol radiante, sin una nube, y recibidos por los perros del algún aprisco contado y las naves ganaderas, a esa hora en plena actividad. Al final del casco urbano se sitúa una de las joyas de la arquitectura zamorana: San Pedro de la Nave, una iglesia visigótica del siglo VII, en 1930 trasladada piedra a piedra desde su original emplazamiento en la margen izquierda del Esla con motivo de la construcción del gran salto hidráulico de Ricobayo que se llevó por delante pequeños núcleos de población a lo largo de 62 kilómetros, entre ellos Pueblica y San Pedro de la Nave. El monumento invita a una parada y contemplación de tan bello ejemplo arquitectónico, declarado Monumento Nacional en 1912.
Continuamos, siguiendo las flechas amarillas, hacia Muelas del Pan. El camino arranca paralelo a un regato y obliga a desviarse para salvar la cola del embalse del Esla, que en este momento, debido a la sequÃa, no resulta dificultoso cruzar. Discurre por el Monte VÃboras, un valle dominado por densos jarales que en primavera exhiben todo un espectáculo de olor y color blanco, y salpicado por encinas jóvenes a un lado y otro del camino de concentración. Comienzan a aflorar las primeras formaciones granÃticas que cada vez serán más frecuentes y aumentarán la magnitud, y es también frecuenta la presencia de pizarra. El Esla ha excavado su cauce en plena roca y formado una arteria angosta que se observa en algún punto del camino.Este trayecto destierra la uniformidad de la primera etapa para mostrar alguna cuesta empinada que ralentiza el ritmo del grupo. Tras aproximadamente hora y media de camino, aparecen las primeras casas de Muelas del Pan, hasta donde se accede cruzando la carretera N-122. Son las 11.30 de la mañana, el sol obliga a despojarse de las primeras capas de ropa, el momento idóneo para recuperar fuerzas con el pan reciente que se puede comprar en el pueblo. Primero una visita a la Iglesia de Santiago Apóstol, donde el párroco, Pepe Alvarez, es todo amabilidad con el caminante. Para los seguidores de la estela compostelana, la Iglesia de Muelas ofrece detalles interesantes. Un retablo de la Escuela de Juan de Montejo (S. XVI) recién restaurado con secuencias de la vida del Apóstol. Una vez sellada la credencial, nos dirijimos a tomar "el taco". El bar "Tomasita" ofrece bebida, café y algo de comer (al lado está el Centro de Turismo Rural con posibilidad de pernocta). Hacia el mediodÃa iniciamos la segunda parte de la etapa, que nos llevará hasta Cerezal de Aliste pasando por Ricobayo de Alba. El enlace entre Muelas y Ricobayo discurre por la carretera Nacional 122, atravesando el entramado hidroeléctrico de la presa, desde cuyo puente se observa el cañón del Duero. Nada más de cruzarlo, a la izquierda (como a unos 200 metros) puede observarse una pequeña imagen de Santiago Apóstol guardado en una hornacina incrustada en la pared. El poblado del Salto muestra la importancia de la magna obra hidráulica que a partir de los años treinta obligó a asentarse a cientos de operarios en la zona. De ahi surgió el poblado, situado entre Muelas y Ricobayo, donde puede visitarse la Iglesia de Santa Eulalia. Tras el paso por el casco urbano se recupera el contacto con la naturaleza para llegar hasta Cerezal, atravesando uno de los parajes más bellos de la zona. ![]() Si hasta ahora el camino ha sido todo un regalo para la vista, lo que viene por delante se aventura aún más grato. Partimos con calor, más ligeros de ropa, y en seguida encontramos de nuevo el embalse del Esla, que preside buena parte de esta segunda etapa salpicada de lomas y paisajes de monte bajo y algo de arbolado. Las moles de granito predominan al principio entre jaras y escobas, asomándose ciertos elementos de la arquitectura tradicional, como el chozo de pastor que se puede observar desviándose unos cien metros a la derecha en el la VÃa Portuguesa. La sequÃa muestra en esta zona toda su esencia con la cola del embalse del Esla desértica hasta extremos desconocidos. La falta de agua permite observar elementos en su dÃa anegados por el agua, como un primitivo puente de piedra o las cortinas que dividÃan las propiedades. A lo largo del recorrido se pueden observar huellas de la fauna que campa por esos pagos. JabalÃes que ozan en la tierra revolviéndola o el fugaz paso de un zorro, esquivo ante la presencia humana. Hay quien atisbó una perdiz y, aunque sin el privilegio de ver, el espacio es también morada del lobo, corzo, liebre o conejo. Culebras —allÃa la llaman popularmente "el bastardo"—, tordos, mirlos y palomas encuentran refugio entre los parajes de Praguancho, Labayo, el arroyo de los Perones o Entresierras que se van atravesando a lo largo del camino entre Ricobayo y Cerezal. Hacia la mitad del camino se cruza la antigua carretera de Villaflor, otro pueblo del término de Muelas apartado del trayecto. Más adelante el caminante pasa de soslayo por la mayor reserva de alcornoques de Castilla y León y la tercera de España. Es el sofreral de Cerezal, un masa arbórea única en la provincia, a la que se ha reconocido con una creación de un Centro de Interpretación. Al paso se observan algunos alcornoques descorchados en la inmensa masa arbórea, a la que sigue un área recreativa, cruzando "La Puente" —un modesto puente granÃtico—, con una fuente en la zona denominada de Sedilla. En seguida aparece el pueblo de Cerezal, a donde llegamos a las 14.45 horas tras recorrer 29 kilómetros. El pueblo tiene bar y, en frente, un centro cultural donde comemos y, si fuere necesario, también servirÃa para pernoctar. Antes de retomar el camino hacia Bermillo de Alba, visitamos el Centro de Interpretación del Alcornocal, con las explicaciones de Carmelo, el encargado. Asentado en la antigua casa parroquial, el Centro muestra en una maqueta las rutas que se pueden hacer en la zona y explica las cualidades del Sofreral de Cerezal. Al lado del edificio se sitúa la iglesia de San Justo y San Pastor, donde puede contemplarse una pequeña imagen de Santiago cabalgando a caballo del Siglo XVIII y un retablo, también del XVIII, recién restaurado.Hacia las cinco y media abordamos el último tramo de esta segunda etapa, que acaba en Bermillo de Alba. El camino, de unos 7 kilómetros, discurre casi en su integridad entre robles que se sortean con facilidad gracias a la senda abierta entre el arbolado. Hacia la mitad del trayecto, a la derecha se observan las casas de Videmala. A las 18.40 horas llegamos a Bermillo de Alba. Tierra de Alba. El pueblo tiene bar para recuperar una etapa larga, pero bella, gratificante y recomendable. Todo un descubrimiento.
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Continuamos, siguiendo las flechas amarillas, hacia Muelas del Pan. El camino arranca paralelo a un regato y obliga a desviarse para salvar la cola del embalse del Esla, que en este momento, debido a la sequÃa, no resulta dificultoso cruzar. Discurre por el Monte VÃboras, un valle dominado por densos jarales que en primavera exhiben todo un espectáculo de olor y color blanco, y salpicado por encinas jóvenes a un lado y otro del camino de concentración. Comienzan a aflorar las primeras formaciones granÃticas que cada vez serán más frecuentes y aumentarán la magnitud, y es también frecuenta la presencia de pizarra. El Esla ha excavado su cauce en plena roca y formado una arteria angosta que se observa en algún punto del camino.
parroquial, el Centro muestra en una maqueta las rutas que se pueden hacer en la zona y explica las cualidades del Sofreral de Cerezal. Al lado del edificio se sitúa la iglesia de San Justo y San Pastor, donde puede contemplarse una pequeña imagen de Santiago cabalgando a caballo del Siglo XVIII y un retablo, también del XVIII, recién restaurado.