La belleza de Zamora concede al peregrino una grata estancia, sólo enturbiada por la privación de un albergue de peregrinos, del que sí disponen municipios mucho más modestos a lo largo de la Vía de la Plata. El conjunto histórico-artístico aporta toda una inyección de fuerza y moral para proseguir la caminata hasta Montamarta.
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Desde la capital hasta la Tierra del Pan la senda se desenvuelve entre campos de cereal propios de la estepa castellana, a lo largo de una penillanura de fácil recorrido. El camino hasta Roales, el primer pueblo de la ruta, ofrece una doble posibilidad. La variante más consolidada y tradicional discurre paralela a la N-630 pasando antes por la denominada "Cruz del Rey don Sancho", un menhir que recuerda el lugar donde murió el monarca castellano. Como recuerda Víctor Sierra, entusiasta estudioso del Camino, en este lugar hay un monolito jacobeo colocado por la Asociación de Lorca. Las señales van separando la carretera de La Hiniesta y acercando a la N-630 hasta llegar a Roales.
La otra alternativa va por el pueblo de Valcabado del Pan entre fincas, majadas y naves ganaderas al que se llega tomando el llamado "camino de Valcabado". Es una vía recta, con pequeñas ondulaciones, para alcanzar la cota más elevada en la zona de grilleras, desde donde se divisa el pueblo.
En apenas una hora, el caminante se sitúa en Valcabado y pasa por su edificio más emblemático, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un templo románico del siglo XII, para girar a la izquierda a través del camino de Arnazal que desemboca en Roales por el campo de fútbol y cruzar después la N-630, eje identificador de la Vía de la Plata. Influido por la cercanía con la capital, Roales pone sus miras en un ansiado desarrollo urbanístico, alentado por el inacabado corredor. Dejándolo a un lado, se toma una vía recta e interminable paralela a la carretera nacional. Es el camino tradicional de peregrinaje por donde pasaban los rebaños trashumantes siguiendo la antigua calzada romana ahora reconvertida en senda de tierra para dirigirse hacia la Venta del Toral, de la que ya no quedan vestigios. Apenas unos metros separan la carretera del camino, desde el que es perfectamente perceptible el constante tránsito de vehículos. Poco a poco se van quemando metros de llanura entre campos de cereal que dan nombre a la Tierra del Pan. A lo lejos se divisan los primeros síntomas de Montamarta, cuyas casas van creciendo a medida que se llega al pueblo. Es la estepa cerealista; la de la luz y la llanura. Grandes extensiones de terreno a un lado y otro, cuya planicie permite una observación privilegiada de todo el contorno. Y entre el llano aparecen, salpicadas, pequeñas ondulaciones que rompen la monotonía.
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En una hora y media escasa desde Roales, el peregrino se pone en Montamarta, el pueblo de las cigüeñas y el Zangarrón, entrando por un puente que a la izquierda deja ver una fuente de piedra escondida entre la maleza. Se accede al pueblo por la calle de la Majada (indudable referencia a la vía pecuaria) una rúa larga y recta que desemboca en la iglesia de San Miguel, del siglo XVI. Al lado del templo se encuentra, desde el año 2002, el monumento al Zangarrón, obra de Ricardo Aparicio Gago. El diablillo sale cada 1 y 6 de enero azuzando a las gentes con un esperpéntico traje y un tridente en una de las mascaradas señeras de la provincia de Zamora que aspira a ser declarada Fiesta de Interés Turístico Regional.
Montamarta conserva huellas de su pasado como castros o los restos del Monasterio de San Jerónimo, del que apenas se mantienen en pie las paredes del que fue un gran centro de Teología. La ermita de la Virgen del Castillo, situada a la vera de una de las cola del embalse del Esla, es otro de los monumentos históricos de la localidad. El templo, del siglo XVI, conserva un retablo renacentista. Con la llegada de la primavera se espera que esté abierto el albergue de peregrinos, un edificio situado a la entrada del pueblo, cercano a la carretera, donde actualmente se dan los últimos remates. El centro enriquecerá una senda jacobea en constante crecimiento y no menos atractivo para la diversidad de peregrinos que optan por la Vía de la Plata.